Castillo - Palacio del Papa Luna.

El Castillo-Palacio ocupa la cota más alta de la Villa, asentado sobre un espolón rocoso. Allí transcurrió la niñez del Papa Luna, y allí volvieron sus restos, cuando murió, pero según la tradición y las crónicas de la época, los restos de Benedicto XIII, fueron a parar al río Aranda, por avatares de la Guerra de Sucesión (1701 – 1713), y sólo se pudo recuperar su cráneo.

Fue declarado Monumento Nacional el 3 de Junio de 1931 y Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985. En el edificio se distinguen tres grandes momentos constructivos: mudéjar, renacentista y barroco. De hecho, el castillo que conociera Pedro de Luna, posterior Benedicto XIII, sería un edificio muy diferente al que hoy conocemos, aunque su emplazamiento fuera similar.

Los salones principales exhiben repetidamente en la decoración de artesonados y yeserías, el escudo de la familia Luna, por lo que no pueden ser anteriores a 1343, momento en que este linaje asumió el señorío de Illueca. Probablemente se correspondan a un momento posterior al nombramiento de Pedro de Luna como cardenal (1375) o en torno su proclamación papal en Aviñón en 1394. La decoración tiene el estilo inconfundible mudéjar-tardogótico de Mahoma Ramí, artista que trabajó en numerosas ocasiones para el Papa Luna. El objetivo sería enriquecer el castillo-palacio que le había visto nacer.

Hacia 1550, Pedro Martínez de Luna, Virrey de Aragón y primer Conde de Morata, a imitación de las casas señoriales renacentias de Coso zaragozano, le otorgó un aspecto más palaciego, modificando su fachada exterior al añadirle la galería de arquillos de ladrillo renacentista. En el interior aun queda testimonios de este periodo renacentista, destacando la portada con bella decoración en relieve que puede observarse en la actual recepción de la hospedería.

A lo largo del siglo XVI y XVII, Morata de Jalón alcanzó mayor preeminencia al convertirse en cabeza del Condado, quedado la fortaleza original de Illueca en estado de abandono parcial. De este modo, cuando en 1665 el Condado pasó a manos del Marqués de Villaverde, este emprendió una rápida tarea reconstructiva. Así, la última reforma barroca nos dejó el cubrimiento del antiguo patio descubierto, que acoge la escalera noble, a través de una cúpula rematada con linterna, y la portada monumental, donde contrasta la piedra negra de Calatorao y el alabastro blanco. Se abre a través de un portalón de arco de medio punto entre pillastres de capitel toscano, friso corrido con representaciones animales, cabezas humanas y de león y coronando el conjunto un frontón partido de volutas que enmarcaría el escudo de los Luna, hoy desaparecido.

Entre las estancias interiores del castillo-palacio destacan la Sala Dorada que era el salón de protocolo, la Sala de la Alcoba, lugar de nacimiento del Papa Luna, ambas cubiertas con magníficos aljarfes policromados mudéjares, y un friso gótico-mudéjar de yeserías profusamente decoradas. También a destacar la Sala del Mausoleo, con importante trabajo de yeso policromado del siglo XVI, donde reposaron los restos del Papa Luna.

Más información en:

Pérez García, Gloria. La comarca del Aranda. Ed. Comarca del Aranda, 2007. pp. 103 – 112.
Descubrir la comarca del Aranda. Ruta de los castillos. Ed. Comarca del Aranda, 2011. pp. 27 – 42.

Iglesia de San Juan Bautista.

La iglesia parroquial de San Juan Bautista fue seguramente levantada por el maestro Mahoma Ramí, arquitecto del Papa Luna, en el s XIV y XV y con el patrocinio de éste.

Esta primitiva iglesia presentaba una sola nave de tres tramos y capillas entre los contrafuertes, cubierta con crucería sencilla y ábside poligonal de cinco paños.

Presentaba en el hastial dos torres gemelas. De la construcción mudéjar todavía quedan algunos vestigios en los muros de la nave, así como la torre conservada junto al crucero barroco, en el lado sur. La torre es ligeramente rectangular y cuenta con una escalera de caracol en torno a un machón central, lo que la acerca a la tipología de torres campanario mudéjares que adoptan soluciones del ámbito cristiano, datables en los s XIV y XV. En el exterior presenta ladrillo que ofrece calidez en su aparente sencillez. Los motivos ornamentales, en su lenguaje compositivo, ofrecen un legado musulmán, con paños de lacerías en base al octógono, que presenta en la parte inferior de esta torre. En el s XVIII se le añade el remate octogonal, en el que destacan sus rejerías.

En el último tercio del s XVII se produce una radical reforma de la fábrica mudéjar que desmocha las torres, cambia la orientación del presbiterio, alarga la nave con testero recto y se cubren las bóvedas con una cúpula sobre pechinas en el tramo central del primero y bóvedas de lunetos en el resto, con coro en la antigua cabecera.

Las bóvedas y todos los arcos se cubren con magníficas yeserías barrocas de tradición mudéjar, que inundan estos espacios así como el antepecho de la tribuna que la recorre en su parte alta.

El arquitecto de esta obra fue el bearnés Juan de Marca y, dentro de su taller, los alarifes que trabajaron en este templo las yeserías, es posible que fueran moriscos que, de esta forma, evitaron su expulsión.

La portada monumental en un lateral se renovó en este siglo barroco, diferenciándola de la del antiguo templo mudéjar, realizada en ladrillo aplantillado y moldurado. Los retablos de su interior van del siglo XVI al XVIII.
Entre los retablos cabe anotar, por su interés, los dedicados a San Ramón, a la Virgen del Carmen (éste con imágenes de San Francisco de Asís, San Buenaventura y Santa Teresa de Jesús), a la Purísima, a la Virgen del Rosario, a San Ignacio de Loyola, al Sagrado Corazón de María, a la Sagrada Familia, al Sagrado Corazón, a las santas Justa y Rufina, al Cristo y a Santa Rita. El retablo del altar Mayor, dedicado a San Juan Bautista y fechado en 1728, se halla flanqueado por dos tableros en relieve, que representan el nacimiento de la Virgen y la Visitación.

Ermita de San Babil.

Buen ejemplo del barroco popular, construida en el s XVII, se ubica junto a la zona de las antiguas bodegas. Se crea una gran explanada, dispuesta en varios niveles, por donde se accede a la ermita del patrón de los illuecanos. Muestra pórtico de acceso y portada bajo arco de medio punto. Sobria al exterior, presenta en sus muros contrafuertes, remata en espadaña y dispone de casa del santero adosada al templo.

El interior plantea nave única y cabecera plana, cerrada mediante una bóveda de lunetos, que arranca de una línea de imposta moldurada. Un zócalo de madera tallada discurre por el muro. Se engalana con una ornamentación pictórica en techos, a base de motivos vegetales, angelotes y cornucopias. Las paredes se revisten con imitación de sillares. Esta ermita fue restaurada por los alumnos de la escuela taller en 1994.

Las illuecanas acuden a la ermita del santo y es tradición que las jóvenes deben pisar una baldosa de la ermita para encontrar novio, aunque hay otra interpretación popular que asegura ahuyentar el mal augurio. Illueca reserva a San Babil, su patrón, las mayores solemnidades.

Hay creencias y supersticiones que escapan a la comprensión humana y que tratan de conseguir protección por medio de símbolos, íntimamente ligados con la naturaleza. En Illueca se invoca a San Babil para protegerse contra los reumas. Para San Juan, el 24 de junio, se realizaban en Illueca las «enramadas» a las novias, con ramas de cerezos.

Otra festividad que se celebra en Illueca es el 25 de octubre, fecha en la que se honra a San Crispín y San Crispiniano, patronos de los zapateros, dado el arraigo que tiene en esta villa la industria del calzado. Es simpática la leyenda de los hermanos San Crepín y San Crepiniano, llamados también San Crispín y San Crispiniano. Eran dos nobles romanos que fueron enviados a evangelizar las Galias, por lo que son considerados los apóstoles del Norte de Francia. De origen noble, para no ser onerosos a sus fieles, se mantenían ejerciendo el oficio de zapateros durante la noche, de ahí su patronazgo sobre ese gremio. En la persecución de Diocleciano, después de atroces tormentos que soportaron estoicamente, fueron decapitados.

Esto ocurría en el año 285 a.C. en Soissons. Sus cabezas se veneran en Roma, en la iglesia de San Lorenzo, mientras sus cuerpos quedaron en Soissons. Los Santos Crispin y Crispiniano son patronos y modelos de la piadosa hermandad de los zapateros, establecimiento que principió en París Enrique el Bueno. Son muy venerados en Francia. En pleno verano, Illueca festeja a San Roque, a mediados de agosto, siguiendo la costumbre de la mayoría de los pueblos aragoneses.

Casa Saldaña.

Edificio barroco del s XVIII, dispone de tres plantas, la última con apertura de huecos de madera, hoy cegados, y característico alero de madera.

La portada en ladrillo se abre mediante un arco de medio punto enmarcado entre pilastras que sustenta un entablamento rematado en una hornacina. Destacan las buenas rejerías en el primer piso y en los balcones y ostenta en
piedra el escudo armero de los Saldaña.

Ermita San Ildefonso.